La universidad es un mundo inquieto, a veces constante, pasajero, pero maravilloso. Visto desde varias perspectivas, es complemento de varias cosas. Es el lugar donde se llevan a cabo — de cierta manera— los sueños de miles de personas. Por eso, acostumbrarse a ella, y al duro cambio que representa el proceso metódico de colegio-universo implica grandes esfuerzos. Así, el perfil siguiente, representa un estudiante nuevo, inmerso al cambio y a los riesgos que allí se avecinan.
DIARIO DE UN UNIVERSITARIO : Primer Semestre.
—Son las seis de la mañana, hoy es mi primer día de clase. Quizá hoy empieza un camino, un destino, un proyecto de vida. Tengo gran ansiedad por conocer gente nueva, vislumbro una serie de novedades en mi vida, ya nada será igual, pero me motiva todos lo sacrificios que tomaré de aquí a cinco años.
—Ya voy caminado hacia la universidad, me acabo de bajar de ese tormentoso paseo en el bus (Una nueva costumbre), siento un cosquilleo en el estómago, faltan más de tres manzanas para llegar, veo a lo largo de la calle, también, muchas personas caminando ¿Irán a la misma parte?
—Pasé la primera clase, a la entrada un viejo gordo de gafas —que al parecer es celador— me dio la bienvenida de muy buena manera. Subí tres pisos, entré, el profesor se presentaba, todo el mundo me miró repentinamente. Me senté en la silla de al frente, seguía las indicaciones. Todos nos miramos raramente, nos presentábamos. Terminó la clase, bajé, aún no tengo amigos (creo que al menos por una semana no tendré). Me siento extraño, empiezo a encontrar las diferencias con el colegio, inicia una dura y emotiva etapa.
—Ha pasado una semana, las clases han sido muy afines con lo que me viene gustando desde bachillerato. Ya tengo mis primeros amigos. La profesora de química al parecer tiene un mal carácter, pero veo en ella una persona muy sabia y que puede aportarle mucho a mi vida.
—Voy ya, culminando la tan agotadora semana de parciales, trato de resolver problemas a los cuáles no llego a una solución, me estoy desesperando. Duermo poco, hago mucho, pero sigo feliz. Debo contar, que me ha costado mucho acostumbrarme, nada es igual en el momento en que uno sale por última vez del colegio. Levantarme no es tan complicado, sin embargo, me he habituado ha dormir en el bus. Las fotocopias me están ligando a no hacer muchas cosas que antes hacía, aunque la comida nunca falta, la pizza de la esquina y las arepas son deliciosas y económicas.
—El segundo corte, pasó sagazmente, me ha ido bien. Sigo teniendo problemas con los celadores por mi carné (en especial con el gordo pequeño de gafas), algunas veces se me queda y tengo que firmar una especie de compromiso. Le estoy empezando a tener cariño a la profesora de matemáticas, a mi parecer, es la mejor de lo que llevo de semestre. He salido pocas veces, me voy temprano, por miedo a que no pasen buses. Sigo amaneciendo haciendo trabajos, dormir en el bus es fortalecedor.
—Acabó el semestre, las notas han sido las mejores, debo decir con gran orgullo, que me he destacado sobre el resto. Los profesores se han llevado una imagen muy buena de mí. Descansaré durante tres semanas, el resto de vacaciones durarán más de lo debido, me aburriré pronto. Sigo extrañando el colegio, pero le estoy tomando cariño a la universidad y a todos mis compañeros. Dentro de dos meses, comenzará una de las tantas pruebas que deberé superar, conoceré otros profesores, y espero, que la vida me siga brindando la oportunidad de estudiar.
Por:
Sebastián Pérez Carrascal.
Por:
Sebastián Pérez Carrascal.